Algo que me resulta difícil explicar sobre los italianos es una especie de esquizofrenia, supongo cultural, que se hace evidente en el vocabulario cotidiano (e incluso es detectable en la prensa). No domino el italiano, pero me he dado cuenta que los préstamos al inglés son numerosos. Por ejemplo, en los museos hay que pasar a través de "il metal ditector" en lugar de "il detettore di metali" o como se diga correctamente en italiano; un administrador profesional se dedica a "il management empresariale", y los amigos se reúnen para "prendere un drink"; en los restaurantes ya no se pide "il dolce", sino "il dessert"; en los museos y teatros, los descuentos por edad se dan a las personas "under 18 anni" u "over 65 anni". A menudo recuerdo un soldado que conocí en Roma durante mi primer viaje que prefería el inglés al italiano, despreciando por completo y a alta voz toda la historia de su propia lengua.
Todo esto para hablar de cine, pues ayer fui por primera vez al cine y en lugar de encontrarme con un servicio "alla americana", me encontré con varias sorpresitas a la italiana: en primer lugar, el cine contaba con una sala enorme, con una pantalla grande y en el que el programa solo cuenta con una película. Se trataba de la última película de Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona, No hay otra opción que verla en italiano. No existen las versiones subtituladas, Lo que es peor (por lo menos para mí): cuando había diálogos en español dejaban el audio original, así que Javier Bardem, Penélope Cruz y compañía tenían dos voces, una en italiano y otra en español.
Pero lo más sorpresivo vino hacia la mitad de la película. Sí, hipotéticos lectores, adivinaron bien: ¡hay intermedio! ¡Sí! ¡INTERMEDIO! ¿Y qué hace la gente durante este lapso de antiquísimo uso? Pues o comenta la película, o se gritan de lado a lado de la sala para saludarse o salen a la tiendita de la recepción para comprar golosinas. No sé si sea la práctica en todos los cines de Italia o sólo en éste, pero aluciné recordando los cines en México, cuando todavía hacían programas de "permanencia voluntaria",
Si bien, por un lado, he detectado esta afición de la que hablaba hacia todo lo que venga de los Estados Unidos, por el otro los italianos no están dispuestos a ver una película si no es en su propia lengua (con todas las palabras en inglés que se han introducido en su vocabulario, cómo no) y se muestran muy orgullosos de algunos rasgos característicos (y que han sido muy caricaturizados) de su sociedad; Lo que vi ayer fue solo un ejemplo, pero pienso también en todo el cuidado que le ponen a su comida (hay que usar guantes en el supermercado para escoger las frutas y legumbres) o la inseparable Vespa de casi todo italiano con necesidad de movimiento por la ciudad,
En alguna ocasión platicaba con algún italiano sobre el doblaje en Italia. Él defendía esta práctica diciendo que uno va al cine a ver, no a leer las películas. Y sin embargo, insisto, les encanta meter palabras en inglés en todas sus conversaciones, generando una especia de italianglish. Me pregunto si estarían dispuestos a escuchar las canciones de los artistas gringos o ingleses de moda dobladas al italiano, igual que en el cine escuchan a los actores hablar en italiano.





Obviamente, la historia es un relato propagandístco de más de una hora. Los elogios al régimen comunista norcoreano son el argumento de la película. Al contrario de nuestras sociedades, el sacrificio del padre y de la familia siempre serán pocos para lograr el progreso del pueblo norcoreano. Desde que empieza la película (sin anuncios publicitarios al principio) somos transportados a una escenografía de hace treinta años, con colores pastel que producen un efecto extraño, como si todo estuviera hecho de plástico. Las situaciones son justificadas de la manera más simple posible. Fuera de su nacionalidad, esta película no tiene mucho que ofrecer.
Una escena llamó poderosamente la atención. Cuando la joven protagonista busca a su padre para llevarlo al hospital donde está internada su madre, ésta lo encuentra trabajando en medio de los obreros. Más tarde, le dirá a su hermana menor que el trabajo de su padre es decepcionante, pues no es lo que piensa. Y pensar que el pensamiento de clase no es propio a los regímenes comunistas...
Al parecer este es el primer filme norcoreano distribuido en algún país occidental. Hemos visitado algunas páginas de internet y no se encuentra gran información sobre ella. Sólo sabemos gracias a la Wikipedia que en Corea del Norte, pequeño país de 24 millones de habitantes, vendió más de ¡¡¡ocho millones de entradas!!!, es decir, ¡¡¡1 de cada 3 norcoreanos la han visto!!! ¡¡¡!!! (más los dos coreanos que a nuestra derecha, lloraban, no sabemos si de emoción o de horror.) El gran líder Kim-Jong Il tuvo, ¡qué alegría!, la gentileza de dar algunos consejos para la realización de esta película, lo que seguramente significó el éxito arrollador en las 500 pantallas existentes en todo aquel país.
¡¡¡Puf!!! ¡¡¡Un monumento a la moral revolucionaria!!!!

