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martes, 2 de diciembre de 2008

Napoleón íntimo

Mémoires de Constant 1Mémoires intimes de Napoléon Ier, par Constant, son valet de chambre, Maurice Dernelle (pres; y notas), Paris, Mercure de France, 1967, 2 vol.

Muy cerca de París, a 70 kilómetros al sur, se encuentra Fontainebleau. En esta pequeña ciudad fue construido el castillo que vería la primera manifestación monumental del Renacimiento francésm bajo el reino de Enrique II en el siglo XVI y 300 años después sería el escenario de los momentos más importantes de la historia del primer imperio francés.

El deseo de escribir sobre Napoleón Bonaparte no me vino gratuitamente. Hace algunos meses, la Mouse & Cheese Co., tuvo la oportunidad de visitar el famoso castillo. Además de mostrar las bellezas artísticas propias del siglo XVI, el recuerdo de Napoleón atrae a la mayoría de los visitantes. No es para menos. Fue en este castillo donde Napoleón abdicaría por la primera vez.

Napoleón contaba con los servicios de dos valet de chambre o ayudas de cámara. Uno de ellos, de nombre Roustam, era apodado "el mameluco" debido a su origen georgiano y armenio, que entró al servicio de Napoleón durante la campaña de Egipto. El segundo, Constant, nació en una ciudad hoy en territorio belga. Ambos dejaron memorias. Hablaremos de las del segundo. Constant tiene un lugar privilegiado para observar a Napoleón. Su educación, sin embargo, no le permite ir muy lejos en sus reflexiones o en sus juicios. El Napoleón que Constant ofrece es uno más íntimo, el de la alcoba, el que se baña, come sin respirar y tiene tics nerviosos. Una anécdota graciosa tiene lugar a propósito del baile de máscaras del 25 de febrero de 1810 en la casa del embajador de Italia, Relata Constant:
La mañana, el emperador me llamó y me dijo: "Constant, decidí bailar esta noche en la casa del embajador de Italia, traiga en el transcurso del día diez disfraces completos al departamento que han preparado para mí". Obedecí y en la noche me dirigí con Su Majestad al domicilio del señor Marescalchi. Lo vestí lo mejor que pude como dominó negro, y me esforcé en volverlo irreconocible. Todo iba muy bien, salvo las numerosas observaciones de parte del emperador sobre lo absurdo de su disfraz, sobre la mala imagen que supone un dominó, etc.
Pero cuando intenté cambiarle los zapatos, se rehusó completamente, apesar de todo lo que pude decirle a este respecto. Por ello, fue reconocido desde el momento en que entró al salón. Se presenta muy decidido a un baile de máscaras con las manos por detrás de la espalda, como acostumbra; quiere empezar una intriga, y a la primera pregunta que hace le responden "Su Majestad"...
Domino del carnaval de VeneciaDecepcionado, se vuelve hacia mí bruscamente: "Tiene usted razón Constant, me reconocieron... Póngame botines y otro disfraz" Lo calcé con los botines, lo disfrazé de nuevo, recomendándole dejar los brazos colgando si no quería ser reconocido de inmediato. Su Majestad me prometió seguir al pie de la letra lo que él llamaba mis instrucciones. Pero apenas había entrado con el disfraz nuevo, fue abordado por una dama la que, viéndolo de nuevo con las manos cruzadas por detrás, le dijo: "Mi Señor, ha sido usted reconocido",,, (Mémoires de Constant, t. 1, p. 469)
Y así hasta que se acabó sus diez disfraces. Las memorias de Constant rebozan en elogios hacia Bonaparte. Si nos atenemos sólo a él, Bonaparte fue el más bondadoso de todos los soberanos franceses. Pero más allá de tanto elogio surge un retrato interesante: la actividad frenética que a diario llevaba a cabo, las decisiones rápidas y las maneras, a veces muy burguesas, con las que se relacionaba con los funcionarios a su alrededor. El problema de esta edición está en el editor mismo: Maurice Dernelle se confunde con Constant, al grado que es difícil saber si el que está hablando es el valet de chambre o el autor francés, La lectura es interrumpida constantemente con notas frívolas, que discuten asuntos tan poco importantes si Napoleón se acostó o no con tal o cual mujer, si el número de invitados era mayor o menor, acusando a Constant de inexactitud en las fechas y un largo etcétera. Sin embargo, no deja de disfrutarse el texto. VerdaMémoires de Constant 2dero anecdotario, que descubre una cara incierta de quien fuera el hombre más poderoso del mundo a principio del siglo XIX. Una visión ideal, romántica, pero como muy pocos, realmente muy pocos pudieron tenerla, en lo íntimo. Monsieur le Drôle, como Napoleón llamaba a Constant, fue testigo privilegiado de la gran caída del emperador, ese que arrastró toda Europa a una serie de guerras crueles y largas. ¿Cómo fueron sus últimos días en el trono, durante su última estancia en Fontainebleu? Constant nos los describe grises, tristes, largos y sumidos en la angustia:
... A lo largo de un día lo veía durante varias horas en la más profunda tristeza; luego, un instante después, caminando a grandes pasos en su habitación silbando o tarareando la Mónaco; después, recaía de golpe en una especie de marasmo, al punto de no prestar atención a nada a su alrededor, y a olvidar las órdenes que me había dado. Existe, además, otro detalle en el que yo no podría alargarme demasiado: es el inconcebible efecto que producía en el emperador la simple vista de las cartas que se le remitían desde París; desde que las percibía, su agitación era extrema, podría decirse que convulsiva, sin miedo a ser calificado de exageración. (Mémoires de Constant, t. 2, p. 476)

viernes, 31 de octubre de 2008

La derrota más sublime y la victoria más amarga es la misma: hablar

 

Une femme à Berlin, Journal (20 avril-22 juin 1945), coll. « Témoins », Gallimard, 2006. Hans Magnus Enzenberger (prés.), Françoise Wuilmart (trad.).

Une femme à BerlinMarta Hillers publicó de manera anónima un diario. Lo escribió en medio de una ciudad completamente destruida, a la que había llegado para trabajar: Tras sufrir múltiples violaciones, de perder a varias de sus amistades y de su familia; después de ver el extremo de la crueldad y los límites que puede alcanzar la descomposición de las relaciones sociales, fue capaz de descubrir la humanidad en sus agresores, de entablar un diálogo racional con aquellos que por definición debería odiar y que la odiaban. Ella representaba para ellos y viceversa la incapacidad justificada de la reconciliación.

Ella era berlinesa. Para ellos, ella era alemana, y por lo tanto, nazi. Era mujer y por lo tanto, prostituta. Era el producto de una régimen que había lanzado un poderoso ejército en su contra y que había cometido los mismos excesos en Rusia, Había que vengarse. Estaban disculpados. Eran los vencedores. Lo merecían.

Ellos eran soldados soviéticos. Para ella, primero fueran figuras anónimas, en uniformes militares, que se acercaban a su casa precedidos por la destrucción de los obuses de su artilleria. Figuras que se materializaron en noches horrorosas de violaciones continuas y multitudinarias. Pero ella tenía la fortuna o desfortuna, como ella misma llega a dudarlo, de hablar su lengua.

Y es que ese hecho permitió a Marta Hillers descubrir el aspecto humano de sus violadores, Ella, a diferencia de la gran mayoría de sus compatriotas, tuvo ante sí una realidad complicada. Entender al enemigo es, al mismo tiempo, la derrota más sublime, la victoria más amarga.

Hace poco me enteré que este diario, de una gran calidad literaria (y cuya traducción francesa es un ejemplo de lo que sí se debe hacer en un trabajo de ese tipo), fue adaptada al cine. El video es el corto de la película que fue estrenada en Alemania en octubre de este año bajo el título Anonyma. Eine Frau in Berlin,

miércoles, 29 de octubre de 2008

La belleza a panfletazos

Victor Hugo, Pamphlets pour la sauvegarde du patrimoine. Guerre aux démoliseurs !, Montpellier, L'Archange Minotaure, 58 pp.

Pamphlets pour le patrimoineLa razón por la que me encuentro en Europa es mi tesis doctoral. Me encuentro en un período de mi vida ciertamente muy bello pero también muy difícil, pues escribir una tesis, y además en una lengua tan exigente como el francés supone un esfuerzo muy grande. A ello hay que agregar que mi tema de investigación es "escurridizo", por llamarlo de alguna manera, puesto que tengo de servirme de definiciones bastante oscuras y que a veces parecen vagas.

Esta quejumbrosa introducción se debe a que voy a escribir sobre un libro que leí a raíz de mi investigación y que fue toda una sorpresa para mí, sobre todo por el autor: Vícotr Hugo. En realidad se trata de dos panfletos publicados en 1825 y 1831. A grandes rasgos, Hugo denuncia la destrucción de monumentos y edificios históricos (sobre todo iglesias) a todo lo largo y ancho del territorio francés. No es la primera vez que se hablaba del tema, ya viejo en ese momentom ni tampoco la primera vez que un escritor de esa talla lo había hecho. Destrucciones en masa habían tenido lugar durante la Revolución francesa, pero tampoco éstas fueron las primeras.

Creativo como era, Verne hace una distinción interesante en la propiedad privada. Quizás sintiendo la imposibilidad de parar los abusos afirma: Quels que soient les droits de la propriété, la destruction d'un édifice historique et monumental ne doit pas être permise à ces ignobles spéculateurs que leur intérêt aveugle sur leur honneur ... Il y a deux choses dans un édifice; son usage et sa beauté ; son usage appartient au propriétaire, sa beauté à tout le monde ...

Algo así como: Cualesquiera que sean los derechos de propiedad, la destrucción de un edificio histórico y monumental no debe ser permitida a esos innobles especuladores cuyo interés les ciega sobre su honor ... Hay dos cosas en un edificio: su uso y su belleza; su uso pertenece al propietario, su belleza a todo el mundo.

Ese es el punto que me interesa y me sorprende. Una especie de propuesta de derecho a la belleza, que se encuentre en el campo del derecho público, por lo menos. Esa es la idea al fondo del patrimonio cultural. Lo difícil está en formular el camino por el que se podría llegar a esa conclusión...

viernes, 24 de octubre de 2008

Previsiones a la Verne

Jules Verne, Une Ville idéale. Amiens en l'an 2000, Amiens, Éditions CDJV, Maison de Jules Verne, 1999, 64 pp.; Paris au XXe siècle, Paris, Hachette, 186 pp.

Al norte de Francia, en la región de Picardía, se encuentra la ciudad de Amiens, No es uno de los destinos turísticos más conocidos de Francia. Es una ciudad de talla modesta, clara heredera de una tradición obrera y marcada por los bombardeos de las dos guerras mundiales que casi logran hacerla desaparecerla del mapa.

Es ahí donde tuve, en septiembre pasado, mi primer encuentro con Julio Verne después de más diez años de silencio. Verne murió en Amiens y ahí está enterrado. ¿Por qué escogió Amiens? Eso se lo dejo a los especialistas en literatura francesa pero yo me he formulado una posible respuesta, seguramente errada, pues no soy, ni de lejos, un conocedor de la vida y obra de Verne.

Une ville idéaleTras haber conocido esta ciudad -ya tendré oportunidad de escribir algo sobre ella, sólo espérenme a que revele algunas fotos-, no pude dejar pasar la oportunidad de llevarme en las maletas las dos obras reseñadas al principio, además del clásico Viaje al mundo en 80 dias. Los elegí porque me parecieron formar parte de la obra poco conocida del autor en cuestión.

Empezaré por Une ville idéale. Amiens en l'an 2000. Es una de las últimas obras publicadas en vida de Ju io Verne. En realidad se trata de un discurso pronunciado el 12 de diciembre de 1875 para la inauguración de los cursos de la Academia de Amiens. Relata un sueño: de golpe, Verne se encuentra transportado en el tiempo, en el lejano año 2000 en la ciudad de Amiens. Lo que ve, lo deja atónito: conciertos ejecutados a miles de kilómetros de distancia y presenciados en varias ciudades al mismo tiempo, máquinas que en un cerrar de ojos convierten una vaca en todos los productos bovinos que se puedan imaginar, conejos en bolsas de seda, medios de transporte impulsados por imanes... El discurso es en realidad una crítica a la política de obras públicas de la época, pues una fuente de sus sorpresas en su sueño consiste en ver terminadas todas las obras públicas que permanecen aún sin terminar en la ciudad. Amiens es, para Verne, el prototipo de La ciudad que podría ser en el futuro

Verne había escrito, durante su juventud, una novelita titulada Paris au XXe siècle. Su editor Pierre-Jules Hetzel rehusa publicarla pues le parece una novela muy rebuscada, con demasiados neologismos, y un tema "muy poco alegre". En efecto, el argumento es muy triste y el estilo es bastante más árido que en las otras novelas, pero no deja de ser interesante, muy interesante, diría. En un primer capítulo nos presenta una siutación extraña, sobre todo viniendo de un hombre de letras coParis au XXe sièclemo él: durante una ceremonia situada el 13 de agosto de 1960, la Sociedad General de Crédito Educativo (Société Générale du Crédit instructionnel), entidad formada por los más grandes genios bancarios y encargada de dirigir la política educativa de Francia, entrega los premios a los estudiantes más destacados del año que termina. Todos los premios tienen que ver con ciencias exactas o contables y cuando el único premio dedicado a las bellas artes, letras y filosofía es entregado, el sentimiento general de los asistentes es de vergüenza por ese pobre muchacho cuyos estudios no sirven para nada.

El resto de la historia, nos cuenta los sufrimientos de Michel Dufrénoy, el joven que recibió tal premio, incomprendido por su familia adoptiva, su encuentro con otros artistas "parias" de la sociedad, su visita a la biblioteca abandonada donde trabaja su tío, antiguo alumno de piano de su padre, su enamoramiento y finalmente su tragedia.

Si bien no es una denuncia como en Une Ville idéale, las increíbles descripciones de los avances tecnológicos (sobre todos me sorprenden la descripción del metro y de la música, que retomará en su discurso de Amiens) contrastan con la desesperación de los artistas y la sumisión a la ciencia de la que ha sido objeto el arte. Los músicos componen incomprensibles partituras con títulos como La Tiloriana, gran fantasía sobre la Licuefacción del ácido carbónico, y los poetas se inspiran para dar al mundo las Odas descarbonatadas...

O sea que algo de denuncia sí hay, y un poco de previsión, también.

martes, 21 de octubre de 2008

Sopa de letras

Alain Le Ninèze, Sator. L'énigme du carré magique, Paris, Actes Sud, 2008, 250 pp.
Muchas veces, el problema de los libros son sus portadas. Me explico mejor: a diferencia de los libros que utilizo para estudiar y cuyo aspecto no me interesa tanto, cuando elijo uno para distraerme, su aspecto acapara mi atención y es lo que influye en mi elección. Este fue el caso de Sator. L'énigme du carré magique, de Alain Le Ninèze (éditions Acte Sud, 2008), pues la portada está muy bonita, (es un detalle del cuadro Una lectura de Homero, pintado en 1885 por Sir Lawrence Alma-Tadema).
Novelita policiaca situada en los albores de la cristiandad, Le Ninèze presenta una trama que podria ser interesante y que me recordó muchísimo mis lecturas de Arturo Pérez-Reverte. Sin embargo, la enjundia y la rapidez de los relatos revertianos se transforman aqui en largas reflexiones en forma de cartas. El argumento es el siguiente: Balbus Pisón, senador romano recientemente convertido al cristianismo, es denunciado ante el emperador Nerón y su vida depende de la emperatriz Popea. Esta le pone como condición descifrarle el sentido del cuadrado mágico Sator. Buscando la respuesta, Balbus escribe a su sobrino Lucio Albino, procurador en Judea, para que le ayude a descifrarlo. Poco a poco, el mediocre procurador se involucra en la investigacion y entra en contacto con personas que conocieron a Cristo o que fueron testigos de los hechos más importantes de su Pasión: Nestorio, secretario de Poncio Pilatos durante el juicio de Jesús; los hijos de José de Arimatea; un tal Petronius, supuesto soldado romano que traspasaría el costado de Jesús para comprobar su muerte; el "apóstol favorito", cuyo nombre solo sabemos que no necesariamente seria el de Juan, etc.
Al final del libro Le Ninèze agregó un "capítulo" donde hace referencia a la teoría semiótica de Umberto Eco. Lo justifica con el propio relato, pues el cuadrado mágico debe ser interpretado de diferentes maneras por los protagonistas. Este es un punto que no me convence. El autor se presenta como el transcriptor de un manuscrito que acaba de descubrir, las memorias de Lucio Albino. Pero en estas memorias, Le Ninèze no logra desprenderse de sus personajes. Jamás tuve la sensación de que uno de ellos era el que hablaba. Siempre tuve en mi cabeza a un hombre del siglo XXI hablando: si el lenguaje es sencillo, no es creible, pues en los diálogos solo se hacen referencias historicas tal como un profesor de historia lo haría hoy.
Quizás lo que más me disgustó del libro fue el final (ATENCIÓN, algunos detalles del final los voy a contar aquí. Si quieren leer el libro, sáltense al siguiente párrafo). De enigma, el cuadrado mágico conservó casi todo, porque nuestro héroe, Lucio Albino, no logra llegar a una conclusión contundente. Y la historia se queda como en el aire, sin compromiso por parte del autor (¿será que cree en las interpretaciones cabalísticas del cuadro que él mismo consigna?)
Al parecer, el cuadro mágico en cuestión sí existe y han sido encontradas especímenes en el mundo grecorromano. Hay copias desde Francia hasta Asia menor, pasando por la más célebre, en Pompeya. Lo misterioso del cuadro es el mensaje que aún no ha sido posible descifrar y se han formulado varias teorías al respecto. En cualquier caso, el mensaje se forma a partir de cinco palabras: SATOR (semillas), AREPO (reptar, traicionar), TENET (mantener), OPERA (las obras, el trabajo) y ROTAS (dar vuelta y por extensión, rueda). Así, diferentes mensajes son posibles, como "El sembrador (Dios) transporta las obras (de los hombres)". También se han encontrado interpretaciones alquímicas.
La disposición de las letras también permite pensar que se trataba de un mensaje escondido, pues la palabra TENET (mantener) se encuentra en el centro formando una cruz. Por si esto no fuera poco, el cuadro puede ser leido de derecha a izquierda, de izquierda a derechea, de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba y en sentido bustrofedón (la primera línea de izquierda a derecha, la siguiente de derecha a izquierda y así sucesivamente). Por último, las letras del cuadro permiten formar la palabra PATER NOSTER (padre nuestro) y los acrósticos de Petrus (para Pedro, apóstol fundador de la iglesia romana), Tarsus (por Saulo de Tarso, el primer santo "propagandista" del cristianismo), así como referencias a la simbolización de alpha y omega (la primera y la última letra del alfabeto griego y que representan a Jesús como principio y fin del universo)
La imagen es un ejemplar encontrado en Oppède, Francia. Por cierto que, buscando una imagen para ilustrar esta publicación, me divertí bastante al encontrar interpretaciones milenaristas, satánicas, religiosas y hasta políticas (relacionadas con los atentados del 11 de septiembre). Si les interesa, hagan la prueba en el buscador de Google. Solo pídanle que busque SATOR.

martes, 2 de septiembre de 2008

Miniaturas japonesas

Alessandro Baricco, Soie, Françoise Brun (trad.), Paris, Gallimard, 1997, 142 pp. En Japón el arte de la miniatura es muy apreciado y está muy desarrollado. Se hacen miniaturas con todo: pinturas, poemas, árboles, jardines... Las miniaturas son posibles prácticamente en todas las facetas de la creatividad japonesa. En 1996, el escritor italiano Alessandro Baricco nos regaló una historia miniatura, que fue rápidamente traducida a más de 15 idiomas. Como si fuera un maestro japonés del minimalismo oriental, nos hace recorrer en pequeñas imágenes una historia de amor imposible. Hervé Joncour parte a Japón en cuatro ocasiones para comprar huevos sanos de gusanos de seda. Viajes de sueño, que duran meses y meses, a través de toda Europa, toda Asia (...pasó la frontera cerca de Metz, atravesó Wurtemberg y la Baviera, penetró en Austria, llegó en tren a Viena, luego a Budapest y siguió hasta Kiev. Recorrió a caballo dos mil kilómetros de estepa rusa, franqueó los montes Urales, entró en Siberia, viajó durante cuarenta dias antes de llegar al lago Baikal, que la gente del lugar llama: mar. Siguió la corriente del río Amur, bordeando la frontera china hasta el Océano, y cuando llegó al Océano, permaneció once días en el puerto de Sabirk esperando que un barco de contrabandistas holandés lo llevara a Cabo Teraya, en la costa oeste del Japón...), para finalmente conseguir el sustento de toda una ciudad, Lavilledieu. Su esposa, profundamente enamorada, lo espera pacientemente cada vez que parte, sin la certeza de volver a verlo. Durante uno de sus viajes, Hervé Joncour conoce a una hermosísima mujer, compañera de su anfitrión japonés, Hara Kei. El momento en el que Joncour se enamora de ella es mínimo pero devastador:
En la habitación, todo estaba tan silencioso e inmóvil
que lo que sucedió en seguida pareció un acontecimiento inmenso,
y sin embargo no fue nada.
De repente,
sin alterar nada alrededor
la joven mujer
abrió los ojos.

martes, 8 de enero de 2008

Las imágenes pornográficas de nuestros tatarabuelos

He aquí la primera actualización, hipotéticos lectores... Hace poco publicamos un articulito sobre la exposición L'enfer dans la bibliothèque, pero lo habíamos hecho sin muchas imágenes. Y pues tratándose de literatura erótica y de pornografía, pues había mucho de lo primero y poco de lo segundo. Así que decidimos escanear y publicar algunas postales que venden a la salida de la exposición.
En las primeras dos imágenes se observan dos situaciones en las que un cura se ve bochornosamente implicado. Corresponden a las ilustraciones de la Historia de Don B..., portero de los cartujos, escrita por él mismo (Histoire de Dom B..., portier des chartreux, écrite par lui-même) de 1748. En la descripción de la postal leemos claramente que "A la izquierda, Saturnino descubre fortuitamente a su madre adoptiva, Antonia, con el padre Policarpo. A la derecha, Saturnino y Suzon son sorprendidos a su vez por Antonia y el padre Policarpo" Bien es sabida la ligereza con la que algunos sacerdotes se toman sus votos de castidad, y en este caso no es que sirvan como una suerte de denuncia. Tanto el autor como el ilustrador de la obra de Dom B... usan esas conocidísimas situaciones como pretexto para ilustrar una historia de alto contenido erótico. Abajo hay dos imágenes opuestas entre sí por varios motivos. La primera es obra de Suzuki Harunobu, fue realizada hacia 1769 y pertenece a una colección de 12 xilograbados polícromos de formato chuban. La segunda es anónima y ha sido titulada L'Arétin d'Augustin Carrache ou Recueil de postures érotiques d'après les genres à l'eau-forte par cet artiste célèbre, avec le texte explicatif des Sujets, y data de 1798.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Las palabras laaaaaaaaaaaaaaaargas me excitan más

L'Enfer à la bibliothèque. Eros au secret, exposición de la Bibliothèque Nationale de France, site François Mitterand, del 4 de diciembre de 2007 al 2 de marzo de 2008, entrada 7€, descuentos 5€. El 28 de diciembre de 2007 estuvimos en la exposición, cuyo nombre en español podría ser El infierno de la biblioteca. Eros en secreto. Se trata de una exposición acerca de la literatura considerada pornográfica, o por lo menos, contraria a las buenas costumbres, que se encuentra resguardada en la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) y de documentos relacionados a este tema: fotografías, videos, grabados y estampas, y de la censura ejercida contra éstos a través de una sección de la BNF llamada precisamente "el Infierno" (l'Enfer). Los artífices de la puesta en escena de la exposición ofrecen al visitante dos recorridos posibles: uno temático-cronológico, en el que se exhiben algunas de las obras condenadas al Infierno a través del tiempo: más o menos desde finales del siglo XVIII hasta el siglo XX; y otro, puramente cronológico, explica cómo, por qué y cuándo apareció, desapareció y reapareció el Infierno de la Biblioteca. La museografía es genial. La utilización de algunos lugares comunes de la pornografía permite una presentación lúdica y que ayuda a relajar al visitante, y no sentirse incómodo al dejar salir al voyeur que lleva dentro. Ya desde el exterior el ambiente se prepara con una enorme letra X, referencia a los filmes triple x, de color rojo, proyectada en una de las torres de la biblioteca. La sala de exhibición es pequeña, por lo que el recorrido no es cansado. Está iluminada en tonos rojos que, como saben algunos, es un color relacionado con los burdeles y otros antros del género. Pero lo más simpático de todo son los espejos que se encuentran por todos lados, como invitando al visitante a gozar de su reflejo, y del reflejo de los demás, cual motel que se respete al lado de la autopista o de una universidad privada.

Uno de los poquísimos inconvenientes son los "embotellamientos" que producen los videos exhibidos. Y ya que hablamos de videos, los que se exhiben son la adaptación de La Religieuse de Diderot, L'Atelier des filletes (?), viejísimo filme en el que las escenas no le piden nada a las películas actuales y una tercera cuyo título que por el momento no recordamos. Otro elemento muy bien pensado es el "cuarto oscuro". En el fondo de la sala, precisamente donde se exhibe el segundo video, unos paneles negros recrean estos sórdidos lugares de placer anónimo. Pero esta vez no podemos ver las sombras de cuerpos desnudos y sudorosos buscando el clímax del placer, sino piezas de biblioteca entre las que destaca el original medieval del Roman de la Rose, escrito en el siglo XIII por Guillaume de Lorris y completada por Jean de Meung, que inspirara a Umberto Eco su célebre novela El nombre de la rosa. Por si todo esto fuera poco, algunas bocinas invitan a escuchar una voz masculina o femenina susurrar, muy cerquita, poemas eróticos de variedad de autores: por supuesto, pudimos disfrutar alguno fragmentos de Las flores del mal de Baudelaire. Casi al final de la exposición, unos documentos ingleses hacían las delicias de los concurrentes. Se trataban de impresiones del siglo XIX las cuales, tras prender una luz por detrás, dejaba ver alguna pareja escondida en plena cópula. Así, una inocente escena de campesinos disponiéndose a levantar un montón de paja, se transformaba en una pornográfica, pues detrás del pajar dos jóvenes se apresuran a vestirse para no ser descubiertos, no sin dejar claras las enormes virtudes masculinas del varón. Una sección llama poderosamente la atención: los grabados japoneses del siglo XIX. Una colección que muestra a hombres con miembros descomunales sometiendo a mujeres ávidas de placer. Pero el asunto puede llegar a extremos desconcertantes, como por ejemplo en la escena en la que se observa a una mujer sometida por un... enorme can. Bien documentada, ricamente ilustrada, en la muestra no se tocan temas, o se hace tangencialmente, como la homosexualidad masculina. Por el contrario, Safo está muy bien representada, así como la crítica por medio de la caricatura pornográfica contra la nobleza, el clero y algunas otras personalidades del medio cultural (como por ejemplo, la caricatura de Dumas padre, presumiendo su enorme miembro a una mujer). También podemos ver diferentes planchas con personajes de diferentes países, haciendo referencia a los hábitos eróticos propios de latitudes como Nápoles, España, Turquía y, por qué no, de la Polinesia Francesa. Por último, una pieza sorprendente e inesperada: una ilustración que el mismísimo Salvador Dalí ejecutó en el menú de una cena que reunió a los admiradores del marqués de Sade.